El olivo. Un árbol fácil y agradecido para tu jardín

España es el país del aceite de oliva por excelencia. Tenemos miles de hectáreas de olivar, auténticos océanos de olivos que nos dan cada año las aceitunas más sabrosas para picotear ese delicioso manjar aliñado y, sobre todo, para elaborar el mejor aceite del mundo. Pero el olivo también es un magnífico árbol para adornar tu jardín. Es una especie rústica, resistente, de porte elegante y decorativo, ideal para dar sombra (puede alcanzar una altura considerable), que da ricos frutos y que apenas requiere unos pocos cuidados para que viva cientos de años. ¿Se puede pedir más?

En este post te contamos algunos consejos para que tus olivos crezcan felices y sanos en tu jardín. Con que cuides estos cuatro puntos, es suficiente: el suelo, el riego, el abono y la poda.

El suelo: lo aguanta todo menos la humedad

El olivo es un árbol perfectamente adaptado al clima mediterráneo. Aguanta sin problema el frío, el calor, los suelos más pobres, la sequía e incluso las heladas si no son muy severas (hasta -7º). Pero sí hay que tener en cuenta estos tres puntos básicos:

-Puede crecer en todo tipo de suelos (incluso calizos o salinos), pero el terreno siempre debe estar bien drenado y aireado (libre de hierba y maleza en un diámetro de un metro alrededor del tronco), pues no tolera la humedad.

-Le encanta la luz y el calor. Elige un lugar donde le dé el sol regularmente, evitando los terrenos orientados al norte o en los que le puedan dar sombra edificios u otros árboles.

-La mejor compañía para el olivo son las plantas de clima mediterráneo, que requieran poco riego (lavanda, buganvilla, suculentas…).

 

El riego: el que quiera la naturaleza

Es un árbol de secano, que puede vivir y crecer perfectamente con riego natural, esto es, el agua de la lluvia propia de nuestro clima. Sin embargo, durante el primer año de vida sí necesita un riego continuo para asegurar que arraigue con fuerza; luego podemos ir espaciando el riego poco a poco hasta dejarlo finalmente en manos de la naturaleza. Eso sí, para conseguir un olivo más tupido, vigoroso y que produzca más frutos, podemos añadir un riego moderado, mejor si es por goteo.

Insistimos, el peor enemigo del olivo en el jardín es el exceso de humedad. Por eso es importante alejarlo del césped, que demanda y retiene gran cantidad de agua, y puede provocar la aparición de hongos e incluso pudrir sus raíces.

 

El abonado: orgánico y una vez al año

Los olivos que viven en jardín no tienen tanta necesidad de abono constante como los destinados a la producción de aceitunas. A tus olivos les bastará con un abonado al año, con abono orgánico (compost o estiércol) de forma que cubra el área delimitada por el ancho de la copa.

La poda: tú eliges cuál y para qué

Aquí tienes varias opciones. La más sencilla es que, al igual que en el riego, tú te desentiendas y dejes crecer tus olivos libremente. Pero si quieres darle forma o aumentar la producción de frutos, tienes una manera distinta de poda según la edad del olivo y su funcionalidad:

De formación. Para dirigir la estructura del árbol cuando aún es joven. Se realiza en los olivos de dos a tres años, y consiste en eliminar las ramas bajas y los chupones inferiores.

De fructificación. En olivos de más de cuatro años. Se trata de airear la copa, eliminando algunas ramas laterales, para favorecer la producción de aceitunas.

De pinzamiento. Cada uno o dos años, simplemente para quitar las ramas que sobresalen de la copa.

De estética o topiaria. Consiste en cortar las ramas en función de la forma que queramos dar a la copa. Esas formas deben mantenerse con recortes frecuentes.

El momento perfecto para la poda es al final del invierno o principio de la primavera, época en que las heridas cicatrizan mejor gracias al mayor flujo de savia.

 

Y para terminar, ¿qué tal unas ricas aceitunas caseras?

Ya que tienes olivos en el jardín, lo suyo es que también aproveches para recoger sus frutos y pruebes a elaborar tus propias aceitunas caseras. Aquí te damos un par de recetas para hacer fácilmente aceitunas aliñadas. Valen para aceitunas enteras, rajadas o machacadas (estas dos últimas, lógicamente, tienen más sabor).

Primero deberás quitar el amargor de las olivas: colócalas en un recipiente de barro o vidrio, cúbrelas completamente con agua y tápalas. Deberás cambiar el agua todos los días, durante aproximadamente dos semanas. A continuación, repite el proceso con salmuera (70 g de sal por litro de agua) cambiando el agua cada tres días.

Luego viene el aliño: prepara una nueva salmuera y añade el aliño según tus preferencias. Por ejemplo, tres o cuatro dientes de ajo pelados y aplastados, 1 rama de tomillo, 1 rama de romero y 3 o 4 ramas de hinojo. También lo puedes hacer con tomillo, romero y pimentón. Y si quieres un toque picante, 50 ml de aceite de oliva, 1 trozo de cáscara de naranja (sin lo blanco), 1 cucharada de tomillo seco y guindilla a tu gusto.

¡Que aproveche!

 

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