Cómo proteger tu jardín del frío, la nieve y las heladas

¿Escuchas la palabra ciclogénesis y te echas a temblar? ¿Viene un temporal de nieve y no sabes cómo proteger tus plantas? ¿Temes que las heladas acaben quemando tu césped? No te preocupes, no es tan grave. Lo primero que debes saber es que estas temibles heladas se producen cuando la mayoría de las plantas se encuentran en reposo invernal, de modo que están preparadas para soportar bien el frío. Tienen sus defensas naturales. Algunas plantas sufrirán daños (quemaduras, deshidratación), especialmente las más jóvenes y las especies exóticas, que provienen de climas cálidos. Es inevitable. Pero en general tu jardín está bien preparado para tolerar las bajas temperaturas, la nieve y las heladas.

 

El frío también puede ser bueno

Como las demás estaciones, el invierno es una etapa natural en tu jardín. Puede ser perjudicial (lo mismo que el verano), pero si se hacen las cosas bien, tus plantas pueden beneficiarse del frío y de la nieve.

Para empezar, el frío intenso es letal para las plagas; acaba con larvas e insectos adultos que tan molestos –y perjudiciales- son para muchas especies.

La nieve, aunque parezca lo contrario, es una eficaz protección frente a las bajas temperaturas, gracias a su capacidad aislante. Y no sólo eso, también aporta nitrógeno y otros nutrientes a la tierra.

Para muchas plantas, el invierno es una preparación indispensable para la primavera: el frío es necesario para que los brotes y las semillas se activen correctamente cuando llegan las temperaturas suaves.

Además, las heladas aceleran el proceso de descomposición de los abonos naturales y las hojas muertas que hay en el suelo.

La escarcha (o helada blanca) se produce cuando el ambiente está húmedo, y tiene el mismo efecto que la nieve: esas gotitas de agua congelada aíslan las plantas y el césped del frío intenso. En cambio, si el ambiente está seco, se produce una helada (llamada negra) que sí tiene efectos dañinos.

 

Qué debes hacer cuando se hielan tus plantas

Los efectos de una helada pueden ser peligrosos para tus plantas. Especialmente para las hojas y flores (raramente llega a afectar a las raíces). Si te encuentras ante hojas (o tallos) ennegrecidas, secas o quemadas por causa del frío, no caigas en la tentación de podar. En primer lugar, porque esas partes muertas son una eficaz protección contra el frío para el resto de la planta; y se producirían brotes aún más sensibles a las heladas. Además, que haya hojas secas no implica que las ramas estén muertas. Lo mejor es tomárselo con calma y esperar a la primavera, cuando haya pasado el riesgo de heladas. Así observarás también qué parte de la planta está viva y evitarás podar a ciegas.

Si bien las plantas herbáceas anuales no suelen sobrevivir a las heladas fuertes, las herbáceas perennes son más resistentes; es posible que pierdan su parte aérea, pero si la raíz y el bulbo están bien protegidos, rebrotarán con fuerza en primavera.

Los arbustos y árboles más resistentes serán los autóctonos y, en el caso de especies de origen tropical, los que mejor se hayan adaptado al clima. También deberás podar las partes afectadas, pero en su momento.

 

Prevenir es siempre la mejor protección

Durante las noches heladas cubre las plantas con plástico transparente (mejor si tiene burbujas), así la aíslas del frío pero dejas pasar la luz. No olvides dejarlas descubiertas durante el día, para que respiren.

También es una buena idea agrupar las plantas, colocarlas bien juntitas y protegidas (junto a una pared, por ejemplo) para crear un microclima más suave y llevadero.

Para los ejemplares que están plantados en el jardín (también el huerto), un buen acolchado de corteza de pino, paja u hojas secas resulta una barrera aislante muy eficaz.

Si hay riesgo de helada, es conveniente regar ligeramente las hojas: las ayudarás a protegerse mejor del frío. En cambio, deberás evitar que el sustrato esté demasiado húmedo (el agua se congela).

Si las heladas son muy severas, también hay que proteger las raíces cubriendo las macetas. Un plástico de burbujas es el mejor aislante (las cápsulas de aire potencian el efecto). Tela arpillera, una cesta de mimbre, cartón o papel de periódico son también muy eficaces.

Para las plantas exóticas y las especies más frágiles lo mejor es que les encuentres un rincón en casa.

¿Y qué hacemos con el césped?

En cuanto al césped, la mejor prevención es un buen abono granulado de liberación lenta en otoño, que evita el riesgo de quemaduras, previene la aparición de hongos y reduce la pérdida de nutrientes arrastrados por la lluvia. Conviene también escarificarlo y dejar la hierba un poco más larga, para proteger las raíces.

No dejes que se las hojas secas cubran el césped, pues impiden que llegue la luz y que se acumule la humedad, lo que facilita la aparición de hongos.

Si hay previsión de helada, riega ligeramente el césped para crear una película térmica protectora. Y si ha amanecido cubierto de nieve, un breve riego la hará desaparecer rápidamente.

Evita pisar la hierba si está muy mojada, para no producir daños en la superficie.

 

Y ahora, ¡a disfrutar de la nieve!

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