El mejor plan de Semana Santa: jardinería con tus hijos

Llegan las vacaciones de Semana Santa, y te haces la misma pregunta de todos los años: ¿qué hago con mis hijos durante diez días para que no estén todo el rato empantallados o aburridos? Asómate a la ventana: la respuesta está ahí fuera. En el jardín. La primavera viene con un montón de tareas para arreglar y cuidar tu jardín y tu huerto; y muchas de ellas son perfectas para iniciar a tus hijos en la afición a la jardinería. Además de asegurarte unos valiosos ayudantes, es una actividad en familia que puede ser muy divertida para ellos, aparte de didáctica y saludable.

 

La jardinería es todo beneficios para los niños

– En primer lugar, aprenden a entender, valorar y respetar la naturaleza. Conocer el por qué y el cómo de los ciclos de las plantas, las flores, los cultivos. Y la importancia de ciertos animales e insectos en ese entorno.

– Acostumbrados a quererlo todo de inmediato, aprenden que la vida tiene sus procesos, que hay que saber esperar y que la recompensa requiere paciencia y esfuerzo.

– Es un magnífico antídoto contra el sedentarismo. Trabajar el jardín es puro ejercicio físico. Descubrirán lo divertido que es no parar de hacer cosas.

– Ayuda a su madurez como personas: trabajo en equipo, responsabilidad, autoestima, resolver problemas, experimentar… Todo ello es parte fundamental del aprendizaje de los niños.

– Es una lección práctica, sobre el terreno, que refuerza poderosamente su curiosidad por las cosas, mucho más que los libros o el colegio.

Ejercita los cinco sentidos: el tacto de la tierra, la hierba, el agua; la vista de multitud de colores y formas, y también la observación atenta; el olfato, rodeado de los aromas de flores y plantas; el gusto, probando sabores nuevos de frutos y hortalizas que ellos mismos han cultivado; y el oído, al escuchar los múltiples sonidos de la naturaleza en directo.

-Y además, se pueden ensuciar a placer sin que nadie les regañe…

Algunas tareas fáciles y divertidas para hacer con tus hijos

Trasplantar flores y plantas. Para tus hijos ha llegado el momento de pasar del bote de yogur y el algodón a la maceta y la tierra. Plantas de mayores. Les va a encantar ayudarte, usando la pala y las manos (cualquier excusa es buena para ensuciarse un poco). Y, al igual que en el huerto, ver luego cómo van creciendo las hojas y van saliendo las flores. Por supuesto, esto también vale para plantar un árbol.

Arrancar las malas hierbas, después de que les enseñes a identificarlas y explicarles por qué son perjudiciales. Del césped, de la huerta, de los parterres de flores… Y también te pueden ayudar a recoger los restos de poda de setos, arbustos y frutales, flores y hojas marchitas, hierba cortada, pequeñas ramas y hojas caídas, frutos que se acumulan en el suelo… Usando el rastrillo o incluso un soplador de batería (con tu ayuda), que es ligero, silencioso y mucho más divertido.

Sembrar las hortalizas de primavera. Ya pueden empezar a sembrar las estrellas del huerto: tomates, zanahorias, berenjenas y pimientos; también espinacas, acelgas y crujientes escarolas; y calabacines, judías verdes, cebolletas. Y resérvate una zona de huerto (o en macetas) para plantar algunas hierbas culinarias como tomillo, cebollino, menta, hinojo… Una dieta completa y de lo más saludable con el cambio de estación. Y quizá ahora tus hijos prueben nuevos sabores, sabiendo que esas verduras son obra suya.

Después de sembrarlas, no olvides el trabajo más importante: regarlas, vigilarlas, cuidarlas y sobre todo observar cómo van creciendo hasta el momento de recogerlas. Esa es la mejor parte para ellos.

Regar. El agua y los niños se llevan fenomenal. Poner en sus manos una regadera pequeña para regar las flores en maceta es un regalo. Y no digamos coger la manguera para enchufársela a las flores y plantas del jardín (o a sus hermanos, si hace calor). Eso sí, siempre bajo tu supervisión para no regar en exceso.

Limpiar. Ya que estamos con el agua, tus hijos también pueden ayudarte a limpiar lo mucho que hay que limpiar en primavera. Un buen comienzo es su bicicleta y los juguetes del jardín, que estarán siempre llenos de barro o polvo. La manguera está bien, pero si tienen edad suficiente para usar una hidrolimpiadora, van a alucinar. Se van a sentir superhéroes. Con superpoderes para limpiar contigo el coche, las macetas, las herramientas, el camino de piedras, los muebles de jardín, la piscina, el invernadero… Y todo lo que se ponga por delante.

–  Aprender sobre las abejas. Tanta actividad en la naturaleza puede servirles también para entender y respetar a ciertos insectos o pequeños animales. Especialmente los que son beneficiosos para el jardín, como las mariquitas, las mariposas o las abejas. Es el momento ideal para darles una clase práctica y, de paso, quitarles el miedo.

Coger caracoles. A los niños les encanta, y para el jardín es un alivio pues son una de las plagas más dañinas para tus plantas en primavera. También puedes aprovechar para enseñarles a diferenciar otras plagas  (como las babosas, los pulgones, las hormigas, las cochinillas…), de manera que puedan avisarte en cuanto las vean. En este post te recordamos cómo tratarlas y prevenirlas.

Decorar. Un paseo por el campo, o por el mismo jardín, puede convertirse en una actividad muy divertida si les propones un objetivo: buscar elementos para decorar tus plantas en maceta. Piedras de río, cortezas de árbol, musgo, hojas curiosas, ramas caídas… Todo sirve para tus jóvenes estilistas.

 

Y, por supuesto, cualquier otra actividad que se te ocurra, que seguro que son muchas más. Tus hijos estarán encantados de sentirse protagonistas, de aprender tantas cosas de forma tan divertida y de compartir un buen rato contigo. Ah, y de ensuciarse las manos. Así que, ¡todos a jardinear!

 

 

 

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