¿Sabes qué puedes hacer con tus hojas caídas? El compost perfecto

La señal definitiva de que ha llegado el otoño –además del cambio de hora- es esa alfombra de tonos ocre que de repente cubre todo tu jardín. Y miras hacia arriba, a los árboles, y te das cuenta de que todavía quedan muchas más hojas por caer. Toca recoger (nuestra recomendación es un soplador de batería STIHL; además de potentes y ligeros, son silenciosos y sin humos). La pregunta ahora es: una vez recogidas, ¿qué hago con todas esa hojas? ¿Las tiro? ¿Las quemo en la chimenea? Ni lo uno ni lo otro. Tus hojas tienen una segunda vida, y además ayudan a crear más vida en tu jardín. Es lo que se llama compostaje.

El compostaje es el proceso biológico por el que los restos orgánicos sobrantes (hojas secas, material de poda, hierba cortada, recortes de arbustos, restos de flores, cáscaras de fruta) se descomponen por la acción de microorganismos como bacterias, hongos, lombrices, cochinillas y otros pequeños animales del jardín, que liberan los nutrientes.

Consejos para hacer tu propio compost

Hacer tu compost es muy fácil, solamente hace falta un poco de tiempo y un lugar adecuado. Lo primero es encontrar una pequeña zona a la sombra en el jardín, donde pueda descomponerse el material, esto es, donde los microorganismos encuentren el oxígeno necesario para que vayan descomponiendo los desechos orgánicos a su propio ritmo.

Es también importante mantener el correcto nivel de hidratación (no demasiado seco ni tampoco demasiado húmedo), en torno al 60%. Durante el proceso, la actividad de los microorganismos puede generar temperaturas que superen los 70 grados.

Para jardines pequeños, lo recomendable es disponer de un contenedor para compost, que se encuentra fácilmente. Puede ser de madera o de plástico, nunca de metal, por la corrosión. Las mejores opciones son los de dos compartimentos  o sistema multi compartimento: amontonamos los desechos en el primer contenedor y después hacemos el montón de compost en el segundo, mezclando el material de desecho con los recortes de hierba húmedos, los restos vegetales ricos en nutrientes y el material seco como hojas o astillas.

En vez de mezclarlos, también podemos apilarlos en finas capas (sin comprimirlas, ya que la falta de oxígeno pudre el material, con lo que se descompone más despacio y de forma inadecuada y además huele muy mal). Después de unos tres meses, pasamos la mitad del compost al siguiente compartimento, donde puede madurar completamente.

Nuestra opinión es que no es necesario recurrir a “aceleradores de compost”: mezclar un par de palas de compost maduro con el nuevo compost es igual de efectivo. Un truco que puedes aplicar fácilmente es añadir a la mezcla un kilo de azúcar y unos 100 gramos de levadura disueltos en 10 litros de agua templada.

La mayor parte del material estará descompuesto después de un año. El resultado es un compost de color oscuro caracterizado por un típico olor a tierra. Retira con un colador los desechos que no se hayan descompuesto completamente, vuelve a triturarlo si es necesario y vuelve a mezclarlo con el nuevo compost.

¿Qué podemos añadir al compost?

Hojas, recortes herbáceos y de arbustos, restos de flores, posos de café o té, cáscara de huevo, papel de periódico, pañuelos de papel, cenizas de madera, malas hierbas si no se han convertido en semillas, ortigas si se han secado completamente… La piel de los cítricos y el plátano se descomponen muy despacio, sobre todo porque están tratadas químicamente, pero no suponen un problema si se añaden en pequeñas cantidades.

Las hortalizas como pepinos, melones, calabazas, calabacines… pueden plantarse en el montón de compost semi maduro. A medida que vaya creciendo ahí, nos servirá como indicador de los niveles de hidratación del compost.

¿Qué no debemos añadir al compost?

Grasa y aceite; nada de origen animal como carne, queso o huesos (pueden atraer visitantes indeseados como ratas o ratones, además de un desagradable olor); revistas, piel, plásticos o materiales elaborados como bricks de leche o zumo o madera tratada también son poco recomendables para hacer compostaje.

El éxito del compostaje dependerá también de las condiciones ambientales (períodos de lluvia y sequía, sombra, humedad…), y sobre todo de su adecuado cuidado durante el proceso. Pasado un año, estará listo para mejorar el suelo de tu jardín, actuando como un excelente fertilizante natural.

 

 

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