¿Tus plantas están enfermas y no sabes de qué? La clave está en los síntomas

Las plantas de tu jardín o de tu casa son como uno más de la familia. Te dan muchas alegrías, pero también tienen sus horas bajas. Pueden ajarse, secarse, sufrir enfermedades, servir de alimento a los parásitos… A veces son daños que se aprecian a simple vista (principalmente en las hojas), pero a menudo están ocultos en otras partes de la planta (envés de las hojas, tallo, raíces, brotes) e incluso pueden ser invisibles a nuestros ojos. Y no siempre están provocados por plagas u hongos, hay otras causas como el exceso o la falta de riego, la mala aclimatación, un sustrato inadecuado, la falta de nutrientes, presencia de virus o bacterias, trasplantes mal realizados e incluso el contagio de unas plantas a otras.

Entonces, ¿cómo identificar el problema? Pues igual que harías con tus hijos: a través de los síntomas. Estos te darán una pista de la plaga o enfermedad que está padeciendo tu planta, y así podrás aplicar la solución adecuada para tratarla y curarla. Pero ten en cuenta que no es una ciencia exacta, enfermedades distintas pueden presentar síntomas similares. En cualquier caso, aquí te mostramos algunos de esos síntomas y a qué enfermedad podrían corresponder.

Algunos de los síntomas más comunes

– Si un polvillo blanco, muy característico, cubre las hojas y los brotes, estás ante el oídio, producido por hongos de diferentes géneros; cuidado, porque las hojas pueden acabar secándose y muriendo. Y si el polvo es anaranjado y las manchas en las hojas son punteadas, se trata de roya. Ambos casos pueden deberse a un exceso de riego.

– Algunos insectos (pulgones, cochinillas, moscas blancas) perforan fácilmente las paredes del tallo y hojas para acceder a la savia; luego segregan una sustancia rica en azúcares, una especie de melaza que deja las hojas pegajosas y brillantes, donde se asienta la negrilla. Este hongo se reconoce fácilmente porque deja un polvillo negro seco en el anverso de las hojas y en el tallo. De ahí su nombre.

– Si has advertido la presencia de necrosis o gomosis en el tronco y las ramas, haz un corte para observar en el interior: si los haces vasculares son de color marrón o negro, en lugar de verdes, es síntoma de una enfermedad vascular o traqueomicosis.

– Otros síntomas visibles en las hojas son las manchas oscuras, bien delimitadas y rodeadas por aureolas concéntricas, causadas por el hongo alternaria, que es uno de los mayores patógenos en plantas. O las pequeñas masas en forma de algodón que dejan las cochinillas. Y si observas mordeduras redondeadas en las hojas y tallos mordisqueados o cortados, es que por ahí andan los saltamontes, escarabajos, caracoles, orugas y gusanos.

– Una pérdida de color, más hilos sedosos y abultamientos en las hojas delatan la presencia de ácaros. Y si las hojas están perforadas y amarillentas, seguramente se trata de arañas.

– La clorosis y el marchitamiento en el cuello de la planta se puede deber a la presencia de un hongo de raíz o a nematodos (gusanos) en las raíces. La causa más común es el exceso de humedad. También en el tallo podemos detectar una podredumbre blanca y acuosa, causada por el hongo esclerotinia; este ataque al tallo puede causar la muerte de la planta.

– El color de las hojas también nos da pistas de otros problemas: una pérdida de tono indica falta de nutrientes; si se forman manchas de color parduzco, puede ser exceso de nitrógeno en el fertilizante, lo que además debilita la planta; y si las hojas más jóvenes se deforman y se curvan hacia el suelo, lo más probable es que se deba a la falta de calcio.

Problemas causados por un riego inadecuado

¿Tus hojas y flores están cubiertas de manchas de moho gris y tus tallos están como podridos? Probablemente te hayas excedido con el riego o el drenaje esté mal y ello ha propiciado la presencia del hongo biotritis. Y si las hojas se marchitan y se ponen marrones, puede ser señal de que se están pudriendo las raíces. En cambio, si las raíces y hojas no crecen como debieran, y las hojas empiezan a volverse marrones, entonces es que se están marchitando por falta de riego.

Vigila también las manchas amarillas en las hojas, porque pueden estar causadas por un exceso de cal, ya sea en el agua o en el sustrato. Y si las manchas son más parduzcas y se encuentran en ambas caras, posiblemente estés regando con agua demasiado fría. Por último, en verano nunca riegues en las horas de más calor, porque el efecto lupa de las gotas puede provocar quemaduras en las hojas.

Bacterias y virus, los más complicados

Son otros de los grandes peligros que acechan a tus plantas. Generalmente los síntomas de las bacterias son parecidos: manchas foliares, clorosis, podredumbres húmedas que despiden mal olor (es la característica diferencial de las bacterias). Ten siempre en cuenta que las puertas de entrada de las bacterias en la planta son las heridas producidas por la poda, el frío, los insectos, ramas rotas, etc.

En cuanto a los virus, los síntomas suelen ser confusos y difíciles de diagnosticar. Algunos de ellos son hojas deformadas y enrolladas, mosaicos (puntos amarillentos), escaso crecimiento… Lo importante es que las causas más comunes de transmisión son los pulgones, la mosca blanca y las herramientas de corte que no han sido debidamente higienizadas.

Como hemos visto, las enfermedades causadas por las bacterias son más difíciles de combatir, y en el caso de los virus es imposible. Por eso la prevención es fundamental: buenos cuidados (el riego justo, tipo de agua correcto, nutrientes, tierra de calidad, espacio para las raíces) y un entorno adecuado (luz, humedad, temperatura). Y, en el caso de las plagas y los hongos, tienes un amplio abanico de tratamientos: fungicidas, insecticidas, acaricidas, feromonas, y también otros remedios más naturales, como las mariquitas (devoran los pulgones), el jabón de potasa, insecticidas biológicos, etc.

Y un último consejo: aísla bien las plantas enfermas, ponlas en cuarentena para evitar que contagien a otras; si no tienen cura, quémalas (las partes contaminadas o la planta entera); y nunca reutilices un sustrato de una planta enferma: ¡eso es contagio seguro!

 

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