Presume de enredaderas perfectas en tu jardín

enredaderas y ventana

Como cualquier otra planta, las trepadoras y enredaderas también dan vida y color a nuestros jardines; y además son especialmente agradecidas, por su tamaño y exuberancia, y porque requieren muy pocos cuidados. Pero no todas son iguales (existen cientos de variedades), ni crecen de la misma manera, ni se adaptan igual al clima ni requieren las mismas atenciones. Así que atento a este post de Jardineamos, porque te vamos a dar las claves para conseguir y disfrutar de una enredadera perfecta.

 

¿Enredadera o trepadora?

Lo primero que debes saber es qué diferencia hay entre las trepadoras y las enredaderas. Muy fácil: las primeras tienen ventosas o zarcillos que les permiten agarrarse a una superficie e ir expandiéndose por sí mismas, sin necesidad de nuestra colaboración; gracias a sus raíces aéreas (que van generando continuamente) crecen a voluntad, siempre en busca de la luz del sol. Por su parte, las enredaderas necesitan un soporte sobre el cual enrollarse, ya sea un tallo o tronco, una columna, postes de pérgola; y también las podemos ayudar y orientar utilizando sujeciones específicas que les sirvan de guía (bridas, alambres, redes).

En cualquier caso todas ellas son capaces de cubrir gran cantidad de espacio con una espectacular frondosidad.

plantas enredaderas

¿Con flores o sin flores?

Es muy importante distinguir también entre las enredaderas que tienen floración y las que no, porque gran parte de los cuidados tienen que ver con esta característica, además de su belleza.

Entre las primeras destaca la buganvilla, que es una de las plantas más majestuosas del verano; esta trepadora despliega toda su belleza con la llegada del calor, dejando sobresalir entre sus hojas verdes cientos de flores (aunque en realidad son brácteas) de vivos colores. La buganvilla se adapta bien a los inviernos fríos y puede alcanzar los 10 metros de altura; por eso, lo mejor es plantarla sobre suelo o en una maceta de gran tamaño; y, eso sí, siempre en un lugar con abundancia de luz.

Otras enredaderas con floración en los meses de primavera y verano son, por ejemplo, la madreselva, que crece de forma muy rápida y tupida (si la podamos bien en invierno) y nos brinda preciosas flores, de diferentes colores según las variedades, que desprenden una dulce fragancia. Los jazmines, además de su delicioso aroma, aportan un toque de gran belleza al jardín, gracias a sus abundantes flores blancas, amarillas o azules, según sus muchas variedades (más de 300 especies); es recomendable ayudar a esta planta con un soporte (valla, alambrada) para que crezca mejor. La bignonia, por su parte, tiene una floración muy esplendorosa, con sus pequeñas flores en forma de trompeta. Las glicinias son trepadoras muy longevas y espectaculares, con esa peculiar floración en forma de enormes racimos colgantes; muy típica en pérgolas, aunque también se puede plantar en maceta (eso sí, que sea grande y resistente). La dama o galán de la noche no alcanza gran tamaño (5 metros), pero sus blancas flores desprenden un aroma delicioso cuando se abren por la noche.

arbusto de flores blancas

Dentro de las variedades sin floración, quizá las más conocida y utilizada es la hiedra (aunque en realidad tiene unas pequeñas flores, pero poco vistosas). Esta trepadora frondosa, perenne y resistente a climas y plagas se expande sin problema por superficies extensas (muy típica en fachadas de edificios) y suele durar muchos años. La parra virgen es también una de las más utilizadas en jardines, terrazas y edificios; crece con rapidez y a gran escala y requiere muy poco mantenimiento (ni siquiera es necesario podarla); conforme llega el invierno, sus verdes hojas van cambiando de color y se vuelven anaranjadas y rojas.

 

Un poco de cuidado

Ya sean de hoja caduca o perenne, con o sin flores, en maceta o sobre el suelo, estas plantas requieren en general poca atención; los cuidados son muy parecidos entre las distintas variedades.

Durante el verano, hay que cuidar que no se abrasen con el sol (al que ellas mismas tienden  a buscar), pulverizando las hojas y ramas para refrescarlas, mejor a primera hora de la mañana (puedes hacerlo con un pulverizador acoplado a una manguera). En otoño toca abonar, de modo que las plantas estén bien preparadas para resistir el invierno; y, lógicamente, también habrá que reducir el riego. En invierno hay que vigilar que la enredadera esté bien sujeta para aguantar los vientos fuertes; y deberás cubrir o tapar las variedades menos resistentes a las heladas. Al llegar la primavera, cuidado con las plagas y atención especial a la poda, que es probablemente la atención más importante: corta siempre las partes muertas, enfermas o marchitas e incluso los tallos cruzados que molesten.

flores de glicínea

 

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