Cómo elegir el mejor abono para tu jardín esta primavera

abono

«Cuando abril abrilea, bien luce la primavera», reza el refrán. Y desde luego que este mes de abril está abrileando de lo lindo, por la cantidad de agua que ha caído («En abril, aguas mil», ya sabes) y porque el sol ya empieza a pegar fuerte, que es lo que toca. Y lo que también toca en primavera es abonar. Esta es una buena época (lejos de temperaturas extremas) para dar a las plantas y al césped los nutrientes que necesitan para crecer, florecer y dar sus frutos. Algo que la naturaleza sabe hacer muy bien, aunque si hablamos de jardines, de huertos o de macetas conviene que le echemos una mano.

Pero fertilizar la tierra no es abonar sin más. Ni sirve el mismo abono para una flor en tierra, una planta en maceta o el césped de tu jardín. Y hay que tener en cuenta también el tipo de suelo, la climatología, el agua disponible o incluso el tipo de raíces o de fruto. No es una elección complicada, pero sí importante. Así que, para ayudarte a tomar la decisión acertada, en este post te damos algunas pistas y consejos para que elijas el mejor abono para tu jardín.

Abonos orgánicos, la solución natural y sana

Lo primero, vamos a distinguir entre los dos grandes grupos de abonos: orgánicos e inorgánicos. Los fertilizantes orgánicos o naturales nacen de la descomposición de residuos animales y vegetales; son asimilados mejor por la planta, son de liberación lenta (efecto a largo plazo), son más sanos para el suelo al aumentar la actividad de los microorganismos y mejoran su capacidad de retener los nutrientes.

jardin frondoso

Estiércol. Es una magnífica fuente de materia orgánica que activa la vida de los microorganismos que favorecen la fertilidad de la tierra. Se forma a partir de los excrementos fermentados de los animales (vacas, caballos, ovejas, cerdos, gallinas…). Es rico en nitrógeno y muy recomendable para suelos húmedos, con PH neutro o alcalino.

Compost. Es el abono vegetal obtenido de la descomposición de los restos orgánicos del jardín (césped, hojas, ramas) o de la casa (cáscaras de frutas, hortalizas). Como ya te comentamos en este post, lo puedes fabricar tú mismo de una manera muy sencilla.

Humus de lombriz. Es el compost resultado del proceso digestivo de las lombrices. Se considera uno de los mejores fertilizantes por su alto aporte de nitrógeno y los beneficios que aporta al suelo; y además, al tener un PH neutro, se puede utilizar para abonar todo tipo de plantas.

Cenizas de madera. Aportan altos niveles de calcio, magnesio y potasio y tienen un efecto alcalino muy ligero. Es muy importante que la madera no tenga barnices ni otras sustancias químicas.

Turba. Esta materia fibrosa y esponjosa procede de residuos vegetales que se han ido descomponiendo de una manera muy lenta (puede durar siglos) con un alto nivel de humedad. Contiene gran cantidad de carbono, proporciona más esponjosidad a la tierra, favorece la absorción del agua y potencia el crecimiento de las raíces.

Guano. Es el fertilizante de moda en agricultura ecológica. Procede de los excrementos de las aves marinas (también de murciélagos y focas) y se usa especialmente para estimular la floración. Tiene un gran poder fertilizante gracias a su alto contenido en nitrógeno, fósforo y potasio.

Abono verde. Es el resultado de cultivar plantas ricas en nitrógeno (leguminosas, por ejemplo) que posteriormente se cortan y se mezclan con la tierra. Este tipo de abono es muy efectivo para enriquecer el suelo, especialmente si ha sufrido erosiones o exceso de fertilizantes químicos.

Abonos inorgánicos o químicos, la fórmula eficiente

Se pueden obtener de forma natural, a partir de minerales que se encuentran en la tierra, o se pueden fabricar en laboratorios. Y aunque no generan ningún beneficio al suelo ni a su microfauna, gracias a su alta concentración de nutrientes esenciales y micro nutrientes suplen de una manera más eficaz alimentos específicos que necesitan las plantas. Son muy enriquecedores y especialmente utilizados en jardinería para reponer y mantener la fertilidad de la tierra. Otra de sus ventajas es su facilidad y rapidez para disolverse y, en consecuencia, actuar.

hortensias

Puedes utilizar abonos específicos para determinadas especies, o universales, que son eficaces en todo tipo de plantas. Lo importante es fijarte en la proporción de nutrientes que tiene cada uno, en función de las necesidades de tus plantas. Por ejemplo, hay abonos específicos de coníferas, que necesitan aporte extra de magnesio; o para acidófilas (hortensias, camelias, gardenias), que requieren mucho hierro; y también para cactus, rosales, geranios y otras plantas de mucha floración, orquídeas, frutales e incluso bonsáis. O para el césped, que necesita un abono de liberación lenta especialmente rico en nitrógeno. Cada especie y cada época del año tiene sus requerimientos.

Y en cuanto al formato del abono, podemos elegirlo granulado (de liberación rápida, para grandes jardines), líquido (efecto inmediato; se absorbe mejor y es ideal para plantas de interior o terraza) o soluble (recomendado para suplir carencias puntuales).

Algunos consejos para abonar el césped

Para conseguir un cesped perfecto, y como norma general, se debe abonar el césped dos veces al año, a principios de la primavera y en otoño, cuando las temperaturas son más suaves. Gracias al abono, el césped recibe los nutrientes básicos que necesita, sobre todo nitrógeno, que favorece el crecimiento. Los buenos abonos contienen, además, potasio y fósforo, que fortalecen el césped frente a posibles enfermedades.

Antes de abonar, es recomendable cortar el césped (procurando que no mida menos de 5 cm), limpiarlo de malas hierbas y airearlo utilizando un escarificador; luego dejar que repose un par de días. Es importante no abonar si el suelo está helado o demasiado húmedo y evitar las horas con más sol. Después del abonado, deberás regar y dejar que pasen unos días antes de volver a cortar el césped.

 

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestación

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*