Noviembre, el paisaje otoñal

arbol amarillo

Pregunta a quien quieras qué le gusta de noviembre y casi todos te contestarán: “los muchos colores del paisaje”. Sí, del paisaje aunque no te muevas de la ciudad. La paleta de colores es variadísima, pero queda excluído el verde, así como los tonos chillones de las flores.

El poeta francés Jacques Prévert dice en una de las más bellas canciones jamás escritas, que cedió Edith Piaf a su amante Ives Montand:

“Las hojas muertas se amontonan en la pala,

los recuerdos y las penas también.

Y el viento del norte se las lleva

en la noche fría del olvido…”.

Sin embargo, esas hojas muertas de las que habla Prévert ¡son vida! Es el espectáculo de la renovación del paisaje, de la protección de sus moradores. Es la despensa de muchos, dentro y fuera de las entrañas del suelo. Ya metidos en poesía, Joni Mitchell escribe en su “Carrusel del tiempo”:

“Y las estaciones giran y giran,

y los caballitos pintados suben y bajan

capturados en el tiovivo del tiempo.

No puedes bajarte; sólo puedes mirar atrás

hacia el lugar de donde vienes…”.

Vive cada otoño como si se tratara del último de tu vida para disfrutar de todo su esplendor y significado. Pasarás a formar parte súper activa de la naturaleza y serás más consciente de tu papel en su carrusel.

hojas otoñales

Y por la aparición de esos seres misteriosos… las setas

Las setas en días soleados. Champiñones silvestres, cuescos de lobo y muchas setas ruderales más se presentan ante ti en amplios círculos o corros de brujas si das un paseo por la campiña más cercana en un día soleado. Seres misteriosos pertenecientes al Reino Fungi, especial para ellos; uno de los más extensos en nuestra naturaleza.

setas blancas

Por último, no te pierdas…

  • Los bosques de galería. Son los que acompañan a los cursos de agua. Ahora puedes encontrar en ellos chopos que amarillean; alisos y moreras que tiran las hojas de repente; serbales que alternan su follaje rojo con bayas aún más rojas…
  • Las aceitunas vistiendo los olivos. Llega el frío y los últimos frutos desaparecen de los árboles tardíos mediterráneos. Pero quedan las aceitunas, llenando las ramas de los olivos de vida y color.
  • Las enormes flores del amaranto.  Son de las más pesadas entre las que se cultivan, llegando, cada cabeza floral, al medio kilo con facilidad.

 

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