Septiembre y los higos, esos desconocidos

higuera

Uno de los mayores atractivos de septiembre son los higos. Es éste un mes principio de temporada, que a veces se hace infranqueable. Los agricultores parten de cero, desde que el sol lo arrasó todo en verano, y “resetean” sus campos. Desde que empiezan a anunciar nuevos fascículos, más de uno empezamos a deprimirnos. Pero la cosa no acaba con las enciclopedias: ¡vuelve feliz al cole!, ¡pierde los kilos del verano!, ¡ahorra con nuestra cuenta granate!…

Menos mal que  los higos están ahí, con todo su halo misterioso, pendiendo de ese árbol bello, personal, blando, blanco, todo látex, fragante, con enormes hojas lobuladas y corteza apta para dibujar corazones.

Un higo es misterioso porque hasta hace poco no sabíamos qué era, ni cómo era. Se pensaba que la higuera no tenía flores, ya que nadie las había visto. Y nada más lejos de la realidad, ya que antes de formar miles de pequeñísimos frutos en su interior, un higo (saquito denominado sícono) tuvo miles de flores que, asómbrate, fueron fecundadas por una eficiente avispita en el colmo de una de las mejores simbiosis que conoce la naturaleza, la vida.

“A la hija y la higuera, que no se vea la jarretera (liga)”. Así hay que cultivar las higueras, cubiertas desde abajo con ramaje y follaje. Que entrar a por higos sea esa maravillosa aventura de cada septiembre.

¡Anímate! Haz riquísimos higos caramelizados…

No tienes más que, tras recolectarlos y lavarlos, hervirlos con poca agua, adicionar azúcar y dejarlos cocer hasta que adquieran un precioso tono dorado…

cesto de higos

higos

higos en conserva

Y por esas alcachofitas súper resistentes que son… las siemprevivas

Como sabes, nosotros siempre defendemos desde las páginas de JARDINEAMOS la xerojardinería, es decir, la creación de jardines con pocas necesidades hídricas. Se trata de proteger el suelo mediante acolchados, recurrir al riego por goteo, establecer una vegetación por estratos de modo que unas especies sombreen a las otras, etc.

Pero lo más importante, lo que crea xerojardinería, es la elección de las plantas que conforman el espacio decorado, que deben ser autóctonas o perfectamente aclimatadas y poco exigentes en agua.

Las siemprevivas (Sempervivum sps., en la foto tectorum) es el vivo ejemplo de lo que hay que emplear para conseguir bellos jardines sin apenas agua.

Una “siemprevivacuriosidad”  Las flores que emite ahora, a finales de temporada, la siempreviva, son grandes, rojas, bellas… Deforman algo a sus cabezas portadoras, que tal vez tengas que eliminar o al menos impedir su asimetría, cortando los vástagos a ras.

alcachofas

Por último, no te pierdas…

  •  Los macizos de coronados. Las flores anuales de floración estival ya van pidiendo un relevo. Petunias, banderillas o tagetes van mostrando demasiadas flores marchitas y lo mejor será reemplazar sus macizos con, por ejemplo, coronados (Callistephus chinensis) y sus tardías flores dobles, presentes hasta la segunda mitad del otoño.
  •  Las calas del estanque. A la sombra, en la ribera del estanque, con sus recipientes semisumergidos, las calas (Zantedeschia aethiopica) consiguen gran exuberancia con sus hojas grandes y sus flores acampanadas de terciopelo.
  •  Los enjambres viajeros. Si uno de estos enjambres nómadas de deliciosas abejas viajeras visita tu jardín, alégrate porque lo han elegido como estación de paso al contar con flores, frescor y cobijo…, pero llama a los bomberos para que lo retiren y se lo cedan a un apicultor.

        

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