Agosto, ¡los granados y las granadas!

granado

Siempre que puedo, defiendo al mundo vegetal. Podría defender a la Naturaleza, al Planeta o al Universo, pero eso lo hacen ya los “naturalistas”. Sin embargo, a las plantas, que están en la cúspide de la pirámide ecológica, nos proporcionan bienestar y belleza, y nos dan de comer, poca gente las defiende.

Si acaso, nos lamentamos de la pérdida de bosques, de los incendios forestales, pero ¿quién habla del geranio y su terrible mariposa-taladro, aunque todos tenemos uno en casa? ¿Quién habla del rosal y los devoradores de sus flores, y en cada jardín hay uno?

Hoy te hablo del granado, de la exquisita granada. Por cierto, ¿sabes de dónde le viene a Granada su nombre? ¿De dónde viene el nombre, “blau-grana”, de los colores del Barça? ¿Y por qué a las bombas de fragmentación se las conoce como granadas?

Todo proviene del fruto del granado (Punica granatum), llamado así porque en su interior se hallan multitud de granos. Ahora están en todo el mediterráneo, madurando plácidamente al sol. En tu jardín, funcionarán de maravilla, decorando primero con sus flores rojas brillantes, después con sus frutos históricos, y mientras con una miriada de hojillas chiquitas verde claro.

El granado crece estupendamente a pleno sol en el tercio meridional español. Donde no son de temer heladas continuadas y fuertes. Su necesidad de agua es escasa, poco exigente en riego. Puede llegar a alcanzar 4-6 metros y produce esos deliciosos frutos formados por multitud (del orden de 600) de granos o frutos menores, llenos de agua y azúcares.

En primavera-verano, el granado ofrece flores de un rojo anaranjado llamativo. En otoño, sus frutos grandes, rotundos, brillantes. Más tarde, consigue unos aspectos otoñales espectaculares, inigualables, con el follaje en amarillo chillón.

flor de granado
Las flores del granado, de un naranja radiante…
fruto del granado
Las granadas, llenas de frutos ricos y dulces; manjar de las aves.

Y por esas uñitas carnosas del muro que es… el Sédum 

Del mismo modo que hoy está de moda hablar de los jardines verticales, hace unos años el tema era la naturalización de tejados. Inviable en muchas de nuestras secas ciudades, pero maravilloso, consistente en vestir las azoteas de la ciudad de plantas mediante paneles implantados con especies muy xerófilas (amantes de la sequedad) e incluso rupícolas (de las piedras).

A la cabeza de ellas se encontraba la fastuosa uña de gato o sédum (Sedum sps.). Si echas un vistazo a los muros y tejados de los pueblos y colonias de nuestras sierras, encontrarás a esta maravilla botánica por doquier, surgiendo de las llagas entre piedras, tejas e incluso ladrillos.

Una “sédumcuriosidad” Existen muchas especies, dentro del género Sedum. Las uñas de gato son las sediforme, acre, morganianum, spurium…, pero también tienes sédum de hoja entera, como las otoñales hojas calleras (curan los callos), Sedum sieboldii, expectabile, etc.

Sédum acre en flor
Sédum acre en flor

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