Los arbustos de bayas, las parras de uvas y las clemátides rastreras

arbusto, espino de fuego

Los arbustos de bayas

Sirven para todo. Espinos de fuego (fotografía), acebos, agracejos, arándanos, groselleros, frambueseros… Todos estos y muchos más, son arbustos que ahora se encuentran cuajados de flores, y con la acción de los valiosos polinizadores conseguirán cubrirse de bayas de todas las formas y colores en la segunda mitad del verano y todo el otoño. Harán la felicidad y despensa de las aves… y algún que otro oso pardo, y llenarán de luz, color y alegría el  jardín tardío.

Todos estos ejemplares son muy resistentes y amoldables a cualquier cometido que desees de ellos. Por ejemplo:

  • Puedes vestir paredes. Sí, sólo necesitas insistencia, perseverancia y mucha paciencia para formar cortinas vegetales a una fachada de la casa o un muro al sol, revestido por las ramas en espaldera o abanico de un arbusto bayífero. La especie más idónea para este tipo de tallado es el espino de fuego (Pyracantha coccinea), que cuenta con ramillas intermedias muy amoldables a cualquier paramento.
  • Puedes formar setos. Al ser todos los arbustos bayíferos muy resistentes (la mayoría con los que “jardineamos” son autóctonos) y además… ¡casi todos pinchan!, resultan valiosísimos para configurar setos bellos e impenetrables al mismo tiempo.

Las parras de uvas

Con ellas puedes confeccionar bellísimas jardineras. En múltiples ocasiones, los jardineros desechan las plantas comestibles o de huerta por creer que no son suficientemente decorativas para sus macizos, parterres, jardineras…

parras uvas

Y no es así, todas las plantas bien seleccionadas y tratadas pueden comportarse como verdaderas obras maestras a la hora de decorar y acompañarnos.

Por ejemplo,  los brotes de parra de uva (Vitis vinifera) aparecen por doquier en el jardín. Las semillas llegan de cualquier parte, sobre todo del cielo con los excrementos de los pajaritos. Si han aparecido parras en lugares donde entran en competencia con tus especies cultivadas, trasplántalas, aprovéchalas y ponlas en macetones y jardineras donde se descolgarán con gracia verde. Y si fructifican con estupendos racimos de uva, miel sobre hojuelas.

Las clemátides rastreras

Puedes crear bellos búnkers. No todas las clemátides son gigantescas trepadoras que llenan edificios completos. De hecho, sólo unas pocas especies del género Clematis lo consiguen. Muchas de ellas, como las bellísimas jackmanni (en la fotografía) y “Nelly moser”, no pasan en ocasiones de comportarse como tapizantes rastreras del terreno. Para que luzcan más y más, aprovecha su manía de preferir el sombreo de su cuello para introducirlas en un búnker de rocas. El resultado estético es soberbio.

clemátide

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